viernes, 28 de septiembre de 2007

El árbol que añoraba hablar

No hace mucho Alberto paseaba por el parque de su ciudad y vio un árbol que se "movía", se rascó los ojos pensando que no podía ser cierto lo que había visto y volvió a echar un vistazo, creyó que estaba enloqueciendo. No podía ser verdad, la gente seguía andando con prisas sin detenerse ni un instante. Eran las ocho de la tarde, hora punta y pocos atravesaban el parque. Alberto no tenía prisa, no tenía nada que hacer y por un momento pensó que el árbol no podía haberse movido sino que era una ilusión óptica, que quizás se fijaba demasiado en lo que había a su alrededor y su mente ociosa hacía que las cosas se "movieran".
De repente, el árbol le habló, con voz penetrante le dijo:
"Eh, no te asustes. Me he movido y he hablado contigo porque estoy cansado de estar solo, los compañeros del parque hace tiempo que no me hablan, no se mueven y yo tengo miedo de acabar así. Solía hablar con los de mi especie pero hace mucho que permanecen inertes"
Su voz sonaba tan segura de sí misma y con tanto bravío que Alberto ni tan si quiera pudo replicarle, aunque sin duda estaba asustado de lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban ¡un árbol le estaba hablando! y gesticulaba con sus ramas abiertas y sin hojas por el paso del otoño.
Alberto comenzó a temblar y miraba al árbol atónito con miedo en sus ojos. Tan sólo había visto a un árbol moverse en cine, películas de terror o de fantasía. Lo más extraño es que temblaba de miedo pero no se alejaba porque quería escuchar al árbol. Así que le echó valor al asunto y alzando su voz le dijo:
"¿No se te hace raro hablar conmigo, un humano? estoy convencido de que los de tu especie ya no hablan ni se mueven por nuestra culpa. Nosotros hasta para limpiarnos el culo en el retrete os usamos."
A lo que el árbol le replicó:
"Lo sé... y por eso nunca hablamos con vosotros. Pero no tengo nada que perder, tú eres el único que me escuchas, mira el resto, pasan por aquí y no se dan cuenta de lo solo que estoy y de que pronto dejaré de moverme, de hablar, ni si quiera sentiré el paso de las estaciones. Mis hojas se caerán, volverán a brotar en mis ramas, pero yo permaneceré aquí callado sin poder alzar la voz nunca más. Aprovecho que tú puedes ver que los árboles nos movemos, hablamos, sentimos, lloramos, reímos... aunque yo ya no tengo con quien reír, ni porqué llorar... tan sólo puedo moverme y hablarte para que tú me veas. Tú podrás contárselo a los humanos y ellos reirán porque no te creerán, creerán que estás loco. Si algo he aprendido tantos años, cientos, en este parque es que no importa que te hable o no, igualmente acabaré como el resto de los árboles, estático ante vuestros ojos, parte del paisaje y nada más. Si algo me sirve de consuelo es que después de serviros de paisaje y alimentaros con el oxígeno que os proporciono al menos serviré para que os limpiéis el culo cuando acabéis del todo conmigo. Supongo que es nuestra misión en la tierra. Tan sólo quería hablar por última vez y no es la primera vez que lo intento pero ningún humano tenía tiempo para prestarme atención, y por ello, si tú ahora mismo me talaras seguirías siendo especial para mí porque serás el último ser vivo que me escuchará hablar".
A Alberto no le dio tiempo a decirle nada al árbol. Tras hablar con Alberto, antes de pasar a formar parte del paisaje como los demás compañeros, el árbol calló para siempre.

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